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Lunes, 15 de Diciembre de 2008 :: Responsables en el consumo familiar |
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| El pasado 20 de noviembre, coincidiendo con el Día Mundial de la Infancia, la Delegación de Sanidad y Consumo organizó una jornada para informar a la ciudadanía sobre el consumo responsable de cara a las fiestas navideñas. Su objetivo era concienciar, sensibilizar y motivar al alumnado para elegir juguetes que no fomenten actitudes violentas, sexistas o competitivas. Pero en esta labor resulta de vital importancia el papel de los padres, que no pueden olvidarse de trasmitir a sus hijos una educación para un consumo consciente, responsable y solidario que les ayude a mantener una buena calidad de vida y un bienestar psicológico y material razonable. Y es que los últimos estudios sobre ocio señalan que ‘ir de compras’ se ha convertido en una de las actividades preferidas de las personas. En efecto, todos conocemos gente que compra simplemente por diversión, para pasar el rato o animarse. Un entretenimiento que, si no se sabe controlar en su justa medida, puede atentar contra la economía familiar, fomentar la trasmisión de unos valores consumistas a nuestros hijos e incluso perjudicar la conservación del medio ambiente. Para involucrar a los menores en estas pautas de consumo responsable, se les puede enseñar a aprovechar las páginas de sus cuadernos escolares por las dos caras, a utilizar libros y ropas de sus hermanos mayores o a apagar la luz cuando abandonan una habitación. Pero, sobre todo, es interesante hacerles comprender que tener más no significa ser más feliz, y que es imposible que se les compre todo aquello que se les antoje en cada momento. Unos buenos hábitos de consumo no sólo ayudan a recortar gastos y evitar deudas. Según un estudio de mercado de Milward Brown y EGM sobre hábitos de consumo de las familias con hijos, las niñas ejercen más influencia a la hora de comprar ropa, mientras los niños, ordenadores y la televisión. Por eso, es importante que los padres pongan límites a un consumo infantil y adolescente desenfrenado, ya sea proporcionándoles una paga semanal para sus gastos o diciendo no a sus caprichos argumentándoles bien el por qué. En este sentido, los psicólogos alertan a los padres de que colmando de regalos a los niños se les cría en la abundancia, con mentalidad consumista, y que de esta manera no aprenden a disfrutar de cada cosa ni a comprender el valor del dinero o del ahorro.
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