
El Panorama de la Educación 2008 elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) aporta nuevos datos sobre el sistema educativo español, que sirven para compararlo con los de su entorno socioeconómico. Los datos no permiten, sin embargo, descubrir a primera vista los motivos del fracaso español. El problema no parece una cuestión de cantidad.
En primer lugar, porque España no sale mal parada en los análisis demográficos de su modelo. El informe concluye que la media de alumnos por profesor está por debajo del ratio de los países que integran la OCDE.
Las economías más avanzadas tienen 16 alumnos por profesor frente a los 14 de España. Reino Unido, Holanda, Francia y Alemania presentan índices peores. La diferencia favorece aún más al sistema educativo español en los cursos de secundaria, justamente, la etapa más débil del modelo. Además, los docentes españoles se encuentran entre los que más cobran del mundo, cerca de los suizos y alemanes.
El estudio también observa que el mayor índice de escolares por profesor se da en la enseñanza privada, 14,3 frente a los 9,4 de la escuela pública. Este hecho no es un inconveniente para que la primera obtenga mejores resultados que la segunda.
Por otro lado, la educación española se mueve en un buen ratio de alumnos por clase, entre los 20 estudiantes por aula de primaria y los 24 de secundaria, niveles similares al conjunto de la OCDE. De nuevo Reino Unido, Holanda, Alemania, Francia y Estados Unidos se mueven en promedios peores.
Tiempo en el aula
La OCDE también mide el volumen de clases que reciben los alumnos a lo largo de su carrera formativa. Tampoco en este apartado obtiene España malos resultados. Entre los siete y los 14 años, los alumnos reciben 6.836 horas de clase, una cifra próxima a la media de la economías avanzadas. La media a los siete años es de 793 horas anuales; de los nueve a los 11 años, de 796; y de los 12 a los 14, 956 horas de clase, frente a las 933 que se registra de media en la OCDE.
El estudio demuestra que es no posible ligar la cantidad de horas de clase a la eficacia del modelo. Por ejemplo, los escolares de secundaria coreanos asisten a 548 horas de clase, obteniendo mejores resultados que los alumnos mexicanos de su edad, que reciben más de 1.000 horas de formación.
Por último, el informe de la OCDE se detiene en el diseño curricular de secundaria. Entre los 12 y los 14 años, primeros años de este nivel educativo, España vuelve a presentar características similares a las del resto de países occidentales.
En esas edades, los profesores españoles dedican el 16% de sus clases a la lectura, escritura y redacción (15% en la OCDE); el 11% a las matemáticas (13%); otro 11% a las asignaturas de ciencias (11%); un 10% a las de ciencias sociales (12%); un 10% al estudio de lenguas extranjeras (12%); un 8% al estudio de la tecnología (3%); otro 11% al estudio del arte (8%); y un 7% a la educación física (8%). El tiempo restante se dedica a materias de elección libre. Apenas hay diferencias con el resto de sistemas educativos del entorno de España.
En conjunto, los datos del informe de la OCDE, cruzados con los altos índices de escolarización que registra la sociedad española y con el ritmo al que avanza el número de licenciados universitarios, entre otras cifras, no parecen suficientes para dar con el fallo del engranaje que convierte a España en uno de los países con peor educación del mundo. Si acaso: que el remedio tiene más que ver con la calidad del producto que con el número de dosis.